¿UNO ES IGUAL A NADA?

11 de Urria, 2018 - Filosofatzen - -

Uno es igual a nada.... uno es igual a nada... uno es igual a nada.... jueee... uno es igual a nada...


La filosofía urbana tiene estas cosas que me dejan fuera de juego, no sé si porque a mi edad estoy fuera de onda o qué.


Uno es igual a nada...


La imagen fue tomada con toda la intención y fortuna. El ciudadano vino a sentarse justo donde le necesitaba y construyó un "Uno es igual a nada" con el final de "necesitamos" en el segundo tablón del banco.


Yo llevaba unos minutos merodeando el banco vacío. Había tomado fotos en diferentes posiciones. El enunciado entonces era distinto y se cargaba de otro sentido. Entonces decía:

"10 - 1 = nada" y debajo "te necesitamos" Detrás un cartel que decía "Centro asistencial. Fraternidad"


Parecía evidente que podría ligarse de un modo relativamente obvio la idea de "Te necesitamos" con la de "Fraternidad" y "Centro asistencial". (Foto 2)


Sin embargo la escena y el mensaje me resultaban poco espontáneos.


Como digo, decidí quedarme y soñar con la opción de un individuo potenciando con su presencia y ocultación parcial el críptico mensaje del tablón de arriba. 


Tras varias fotos con otras composiciones, mientras fotografiaba el solitario banco, el ciudadano se acerca a él y se sienta, justo donde yo quería. Uno igual a nada... uno iguala nada.... No lo pillo... Uno igual a nada... No lo pillo pero me intriga. Será quizás un mensaje contra el individualismo potenciado además por el "necesitamos" del segundo tablón. Uno igual a nada... No sé. Uno igual a nada... y el hombre, que en la imagen, lo mismo se está sentando para desbaratar el mensaje, que se está marchando para convertirse en nada. Uno igual a nada... sigo sin pillarlo. Uno igual a nada. Pues eso, que uno... igual a nada!


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Iruzkina egin

VEINTE MINUTOS

18 de Otsaila, 2018 - Filosofatzen - - 2

Tras unas semanas especialmente atareado, sin poder dedicarme a fotografiar, el "mono" por sacar la cámara me punzaba insistentemente. Estaba de exámenes en Logroño y mi cerebro ya no daba más de sí. A mi edad, el estudio es una práctica de alto riesgo. A media hora de entrar al último exámen, los repasos de lecciones eran contraproducentes. Decidí salir a distraerme un poco. De paseo por los alerededores entré en "modo" fotografía y eché mano al móvil. Sigo sorprendiéndome por la manera en que la actitud de atención condiciona el ejercicio de fotografiar. Fueron 20 minutos observando la ciudad. 20 minutos de sorpresa en sorpresa. Yo, que habitualmente fotografío naturaleza y eventos deportivos, descubro en la práctica de la fotografía urbana una cualidad nueva. Las imágenes se cargan de significados, no siempre con antelación a la toma. En ocasiones, miro por el visor y encuentro que la escena "trae" algo que en el momento no da tiempo a racionalizar pero que ya está allí y que sobre la pantalla del ordenador, se revela definitivamente. Al margen de las consideraciones sobre si la fotografía en cuestión puede o debe catalogarse como buena, la imagen se hace más profunda y surgen significados narrativos o estéticos.

20 minutos entre repaso y exámen dan para adentrarse en el mundo de la curiosidad y de la imaginación. Por cierto, si apruebo será de chiripa.

Fotgrafías tomadas con Iphone 5 SE. 

     

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Iruzkina egin

DEJAR SECAR

08 de Maiatza, 2017 - Filosofatzen - -

 

Seguro que a muchos fotógrafos les sucede. Al hacer la foto y revisarla en la pantalla de la cámara o por primera vez en el ordenador, se percibe con entusiasmo. La relación con esa imagen es tan reciente y directa que atrapa emocionalmente.


Resulta tan vívida, está tan conectada a la experiencia, que se impregna de un valor añadido y reluciente. Nace la imagen en cuestión como una fruto excepcional de la orginalidad. A veces el embrujo lleva a publicarla con la mayor inmediatez, en mi caso, en este blog o en la galería. Si tengo la fortuna de resistirme a hacerlo descubro al cabo de unos cuantos visionados, al cabo incluso de unos cuántos días, que el resultado no es tan brillante como me pareció en principio. El enamoramiento decae y la escena comienza a revelar defectos o incluso vulgaridad.


¿Qué ha ocurrido?. El impacto inicial se ha esfumado. En mi opinión se trata de alguna clase de jugarreta mental propiciada por el cerebro y la percepción. El caso es que al fotógrafo no le queda más remedio que asumir que la primera mirada sobre la imagen no es la buena. Quizás, nuinguna sea la definitiva pero, sin duda, la primera es la más engañosa.


La fotografía ha de cocerse. Ha de madurar en el archivo unos días al menos. Tras unas cuantas miradas, si la imagen crece, entonces puede quizás merezca la pena. Ha de secarse del todo.

   

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De lo imprescindible: uno mismo

15 de Urtarrila, 2017 - Filosofatzen - -

Ninguno de los muchos aparatos y gadgets que manejamos los fotógrafos aficionados o profesionales es tan imprescindible como el material que constituye el propio fotógrafo en sí mismo. Su mirada, su juicio y valores, su conocimiento y su sensibilidad podrían dar pie a una clasificación de lo imprescindible en el fotógrafo sin que esta pretanda ser dogma ni una interpretación rigurosa. Se trata de una lectura subjetiva e incluso provisional de lo que considero verdaderamente valioso para afrontar el acto de fotografiar.

De manera que comienzo esta sección refiriéndome al material básico: Uno mismo.


La mirada:

En mi opinión, la mirada del fotógrafo, condensa la capacidad de reconocer lo significativo de aquello que está ante los ojos. La teoría Gestalt, nacida en Alemania a principios del siglo XX, trata del modo en que percibimos la realidad y, en particular, señala la tendencia a reconocer formas significativas y coherentes. El fotógrafo, con más o menos facultades en este sentido, pone en ejercicio constantemente la acción de mirar para identificar, en el galimitías del "todo", aquellos rasgos de forma y composición que necesita para crear una imagen consistente. Es fundamental pues, desarrollar esta capacidad de "saber ver", de mirar con intención, de reconocer lo significativo en la escena.


El juicio y los valores personales:

Por otra parte, materia consustancial al fotógrafo, es el juicio que este hace de si aquello que ve a través de la mirada, merece ser fotografiado. El juicio, la valoración estética o de significado que haga de la escena le llevarán a tomar o no la imagen. Su formación personal y como fotógrafo, sus motivaciones individuales, sus valores y sus rasgos culturales condicionarán a qué da valor quien hace una fotografía y por tanto, qué es merecedor de ser fotografiado.

Roland Bartres, en La Cámara Lúcida, dice: "En un primer tiempo la Fotografía, para sorprender, fotografía lo notable; pero muy pronto, por una reacción conocida, decreta notable lo que ella misma fotografía. El "cualquier cosa" se convierte entonces en el colmo sofisticado del valor".

Esta frase, ideada por el autor hace casi cuarenta años, encaja a la perfección en el momento de la fotografía actual en el que la difusión masiva de cámaras en los dispositivos móviles ha propiciado que elevemos a categoría de "fotografiable" cualquier escena, sin mayor juicio ni discernimiento. Uno se pregunta ¿esto puede ser fotografiado? y se responde de inmediato, creo que inconscientemente, "Sí. Puede serlo! Y como se puede, se fotografía.

El fotógrafo, debería, creo, estar en condiciones de ir algo más allá. No se trata, pienso, de ponerse exquisito, pero sí de hacer un ejercicio de toma de decisión consciente sobre el acto de tomar una imagen.


El conocimiento de la técnica:

El conocimiento técnico del fotógrafo es otro de las valiosas propiedades a cuidar. La práctica y el estudio conducen a dominar este arte de la comunicación que es la fotografía. El conocimiento no sale gratis. Hay que invertir en formación y en tiempo. Hay fotógrafos que tienen un don por el que se impregnan con enorme naturalidad del lenguaje de la comunicación visual. Son capaces de trasladar impresiones e ideas con gran facilidad. El resto de los humanos, tenemos que invertir mucho para aprender a "hablar" de manera eficaz.

Susan Sontag en Sobre la fotografía dice: "Los fabricantes confirman a la clientela que fotografiar no requiere pericia ni habilidad, que la máquina es omnisapiente y responde a la más ligera presión de la voluntad. Es tan simple como encender el arranque o apretar el gatillo" .

Ya sabemos que los fabricantes no hacen fotografía.


La sensibilidad:

Por último, la sensibilidad constituye la que creo otra cualidad básica del fotógrafo. La sensibilidad refiere a la capacidad de conectar con la emoción. No es ya sólo que se sepa mirar; no es sólo la valoración racional de lo que tiene valor como imagen fotografiable; no es sólo la capacidad de comunicar utilizando de forma adecuada el lenguaje fotográfico, la luz y las herramientas al alcance. Es también el modo en que el fotógrafo se siente tocado por una escena de la que es el "primer espectador". Ese pellizco, ese corte, al que también se refiere Bartres en su más conocida obra, es seguramente el resorte que invita al impulso de hacer la fotografía. No todas las fotografías son fruto de esa experiencia emocional pero, probablemente, son aquellas que mejor puedan llegar al futuro espectador.

 

 

 

Iruzkina egin